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— Maldición... ¿Cuánto tiempo ha llevado este discurso? –

Me quejé mientras observaba el resto del auditorio, viendo a los estudiantes dormidos mientras algunos de sus padres estaban cabeceando, a punto de dormirse, y los que aún estaban despiertos estaban haciendo otras cosas en sus teléfonos. — Bueno, aprovecharé que Hana no me puede ver y saldré a dar un paseo por el campus y conocer las instalaciones. Ahí te ves, Hana. –


Pasé por las distintas instalaciones de la academia, en realidad que la academia Santos Guerreros de Leyenda es grande. Pasé por la piscina donde practica el club de natación, por la cancha de educación física, incluso por el laboratorio. Pero había un lugar el cual quería visitar desde hace tiempo. Salí por la puerta que conectaba a la piscina con el patio trasero, y allí pude verlo, ¡la cancha de Kōgutis! Eran 5 plataformas flotando sobre una piscina más grande que la del club de natación las cuales eran transformables. ¡Es genial!


— Algún día estaré en una de esas plataformas pateando traseros... ¡Ya lo verán! –

Dije con entusiasmo.


Es totalmente fantástica esa cancha, lo que daría por poner mi pie justo donde está ese muchacho... ¿Esperen? ¿Qué hace él allí?


— ¡O-Oye! –


Mi voz se entrecortó cuando lo vi poniéndose en guardia y cerrando sus ojos.


— ¿Qué va a hacer...? ¿Acaso será él un jugador de Kōgutis? –

Pensé en ese instante.


Volví a la realidad, de ningún modo puede ser un jugador de Kōgutis, considerando que aún no comienza el examen para sacar la licencia de Kōgutis... Además, ¡¿Por qué está aquí en lugar de estar deseando morir como todos los demás en el auditorio?! ¡Sólo yo puedo fugarme de allí!


— ¡Oye, tú-! –

Grité, intentando llamar su atención.


Él siguió su rutina ignorándome, ¿quién se crees que es? Estuve a punto de gritarle de nuevo, pero de repente abrió sus ojos y comenzó a dar volteretas en el aire, golpeando al aire con múltiples patadas, jugando con los puntos de presión de la plataforma, hasta que tocó con sus pies el suelo de ésta y de sus dos manos soltó una llamarada. ¡¿Qué fue eso?! ¡¿Acaso es eso a lo que los grandes jugadores de Kōgutis llaman "Instinto"?! Recuerdo también haber oído de eso anteriormente...


~ Flashback ~


Se me vino a la mente un breve recuerdo de mi y Hana teniendo una conversación con el tío de Hana; Robinson Crescentia...


—  Aún recuerdo aquellos momentos en las que iba de juerga por toda Sol de Alba para ligar con las jóvenes más hermosas que se pusieran en mi camino. Incluso en una ocasión me enamoré ciegamente de una agente inmobiliaria y no paré hasta conquistarla, de hecho eso último paso hace unos escasos 6 años... Bueno en fin, que no estoy aquí para contar historias de jóvenes adolescentes. –

Contaba el tío Robin una anécdota.


— ¡Wow! –

Reacciono el yo de unos 6 años.


— Tío, nosotros solo te preguntamos que qué era el Instinto... –

Dijo una Hana chiquita, pff, aguafiestas...


— Bien... El Instinto puede ser entendido como la energía vital innata e inconsciente que cada persona lleva en su interior manifestada físicamente. –

Explico finalmente el tío Robin. No fue muy detallado, pero se entendía.


~ Fin del flashback ~


Vaya, muchas gracias por recordarme mi falta de conciencia cuando era pequeño, tío Robin. Pero, ¿en serio fue Instinto lo que usó...? Nah, debe tener unas mangueras que salen de sus mangas y se conectan con unos tanques en alguna parte del lugar.


— ¡Hey, tú! –

Volví a gritar, esta vez parece que acerté.


— ¿Eh? –


Bien, al parecer por fin logró notar mi presencia.


— ¿¡Qué haces aquí en lugar de estar en el auditorio!? No, más importante aún, ¿eres un jugador de Kōgutis? –

Fui directo al grano, rompiendo el hielo.


— Eh... Bueno, verás... –


— ¡Porque si es así quiero que me enseñes todos tus trucos! –

Exclamé con un gran júbilo de emoción, juraría que me brillaban los ojos en ese instante.


— O-Oye, ten cuidado, podrías... –

Su voz se había entrecortado.


— ¿¡Qué dices!? ¿¡Aceptas!? –

Exclamé, y el brillito en mis ojos se intensificó.


Luego de emocionarme al exceso, como siempre, terminé cayendo a la piscina. Bueno, luego de un rato terminé en un pasillo frente a ese chico.


— Vaya, mira la hora que es, bueno, es mejor que me vaya. –

Dijo él entretanto veía su teléfono.


— O-oye, espera, ¿me podrías enseñar esas técnicas algún día? –

Pregunté, asegurarme de ello era mi prioridad.


— Sí, claro, algún día te las enseñaré. –

Me respondió 


— ¡Genial! O-oye, ¿cuál es tu nombre? –


— Me llamo Sebastián, Sebastián Strocchia. –

Respondióme él así con un leve acento italiano.


— Espera... ¿Strocchia? ¿¡Tu hermano es Samuel Strocchia!? ¿¡El jugador número 1 del equipo nacional italiano de Kōgutis!? –


— Emmm... Sí, ese es mi hermano. –

 Dijo mientras se llevaba una mano a la cabeza, algo avergonzado.


¡No lo creo! ¡Estoy frente al hermano menor de Samuel! Ahora es obvia la razón por la cual Sebastián es tan bueno en el Kōgutis. La familia Strocchia ha sido prácticamente una fábrica de campeones en el Kōgutis, su abuelo, su padre, su hermano, todos han representado a Italia en el equipo nacional de Kōgutis, siendo siempre los líderes.


— Bueno, fue un placer conocerte, ¡nos vemos! –

Se despide al estilo japonés.


Sebastián desapareció de mi vista mientras se iba corriendo, vaya suerte he tenido para poder ver a un Strocchia en la plataforma... Esperen, no le dije cuando no veíamos para entrenar... ¡MALDICIOOOÓN!


— Bueno... –

Murmuré resignado mientras veía la hora en mi celular.

— Oh, el discurso de Hana debió haber terminado ya, bueno, creo iré a- *Siendo interrumpido* –


¿Sienten eso? Es como que el ambiente se volvió más pesado...


Me encontré en la enfermería, con una bolsa de hielo en la cabeza mientras Hana seguía furiosa conmigo por haber huido del discurso de bienvenida, ¿en serio es necesaria tanta violencia? ¬¬


— ¡Eres un tonto! ¿¡Qué demonios tenías en la cabeza cuando decidiste irte y dejarme sola allí!? – 

Me regaño ella.


— Tsk, estaba muy aburrido, ¿preferías que me quedará todo el discurso durmiendo? –

Le respondí


— Y pensar que me pasé toda la noche escribiéndolo... –

Dijo Hana, notándose su frustración.


¡Genial!, ahora me siento culpable.


— Oye, Hana... ¿No crees que deberías buscar otra persona para que haga de vicepre...? –


— ¡NO! –


— ¿Y eso? –


— ¡Por favor, no puedes dejar el cargo! –


— Pero... –


— Si dejas el cargo, Jorge deberá ejercerlo... ¡Y no quiero estar cerca de él! –


Aaah, es cierto, Jorge. Bueno, hablaré un poco de él porque nada más imaginármelo me dan ganas de salir corriendo. Jorge es un sujeto que siempre ha perseguido enamorado a Hana, pero no por su forma de ser, sino por su cuerpo, llegando a los extremos de dejarle chocolates en la casa a Hana, los cuales termino comiendo por alguna razón... Da miedo nada más pensar en lo intenso que es. Creo que con la del año pasado, Hana suma 57 rechazos hacia él.


— ¿Siiiií? –


Pff, no te hagas la niña víctima luego de haberme enviado a la enfermería.


— No lo sé... Si quiero ingresar en el club de Kōgutis no podría con el papeleo... –


— Jajajaja, ¿en serio crees que te dejaré hacer el papeleo? Jajaja, no te preocupes, no quiero que el consejo se venga abajo. Solamente tendrás que hacerte pasar por el vicepresidente en las reuniones y algunas otras cosas. –

Me aclaró Hana.


No sé si sentirme mal por dudar de mis capacidades como administrador o bien por no tener que hacer nada de eso... Mejor me ahorro los comentarios.


— Bueno, si las cosas son así, no veo problema alguno en poder ayudarte. –

Dije.


— ¡Sí! –

Exclamó ella de forma infantil.


Tomé mis cosas y miré por la ventana, ¿ya está anocheciendo? ¿Tanto tiempo estuve inconsciente? Bueno, salí con Hana de la academia, a partir de mañana empiezan las clases, espero tener suerte.

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